ADIÓS DESDE LA ANTÁRTIDA

17 Ene

Antártida,29 de marzo de 1912

He conseguido abrir por fin los ojos, pero no estoy seguro de que sea de día. La niebla se confunde en el paisaje helado que acierto a entrever desde mi refugio y me acerca ecos que no consigo descifrar. Quizás debiera haber sido yo el que estuviera fuera, porque la soledad que me empieza a herir produce más sufrimiento que el roce del hielo en la piel.

En esta rutina que mis hombres y yo hemos establecido casi como mera norma de supervivencia, mi papel ha quedado reducido a simple espectador. Son ellos los que salen, los que buscan, los que acercan el escaso alimento. Como un autómata, cada día – ¿o es de noche? – espero su regreso, aunque desde hace un par de jornadas ya no vuelven todos.

Ahora, de nuevo, me envuelve la angustia de la impotencia, pero no duele. Sólo siento este cansancio infinito… Necesito cerrar los ojos. Supongo que mañana podría encontrar un motivo para acompañarles…

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Una respuesta to “ADIÓS DESDE LA ANTÁRTIDA”

  1. edgarandueza enero 31, 2010 a 11:14 pm #

    Serías una estupenda escritora. Deberías intentarlo.

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