HOTEL WINDOWS, 1955

28 Ene

“Quizás sí debí haber hecho caso a Megan. Siempre ha tenido un sexto sentido para estas cosas”.
Sarah se cerró un poco más el cuello de su abrigo de cuatro mil dólares. El aire gélido que le llegaba directamenta desde Central Park entrba en sus pulmones cortándole la respiración. No quería encenderse otro cigarrillo más, aunque las largas caladas siempre le habían ayudado a pensar.
“Sólo ha pasado una hora, en realidad. Y está el asunto del tráfico, sin duda. A lo mejor, un encargo de última hora le ha retenido…”
La aguda vocecilla de su amiga Megan le golpeaba como un martillo en las sienes: “No eres más que una vieja tonta, Sarah. Tu fortuna es la única explicación al amor de ese jovenzuelo. Ese romanticismo absurdo con el que te enfrentas a la vida, el niñato melenudo lo traduce en una tarjeta de crédito sin límite para financiar su vena artística”.
Posiblemente. Pero el último año había sido el mejor de su cómoda y poco emocionante existencia. Por fin, las paredes de su jaula de oro podían hablar de pasión, de risas, de… vida, en definitiva.
“Un rato más” se dijo. Además no tenía nada mejor que hacer. Pero en el fondo, sabía que no volvería a verlo.
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Una respuesta to “HOTEL WINDOWS, 1955”

  1. edgarandueza enero 31, 2010 a 11:18 pm #

    Cuando uno escribe debe evitar que todo quede claro. Es el lector el que debe adivinar parte de la historia. Así resulta más interesante.

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